Lo ocurrido con la Saya Chicaloma durante la entrada de la Virgen de la Asunción, realizada el 15 de agosto en Villa Victoria, La Paz, generó indignación y cuestionamientos. La fraternidad afroboliviana, integrada por vecinos de la propia zona y participante habitual de esta festividad desde hace varios años, denunció haber sido presuntamente discriminada cuando se encontraba a pocas cuadras del palco oficial, después de haber recorrido parte del trayecto. Según sus integrantes, organizadores les habrían pedido que aceleren el paso y posteriormente intentaron retirarlos bajo el argumento de que no estaban inscritos en la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Villa Victoria. Como señal de protesta, los bailarines levantaron un cartel con el mensaje: “Respeto a la danza afroboliviana”.
Sin embargo, también existen versiones diferentes sobre lo ocurrido. La Saya Chicaloma sostiene que no se habría inscrito debido a un cobro establecido para participar, mientras que desde la organización se cuestionaría que la fraternidad no ingresó desde el inicio del recorrido y se incorporó cuando la entrada ya estaba avanzada. Estas versiones deben ser aclaradas por los responsables de la festividad, porque una cosa es exigir normas de organización y otra muy distinta sería impedir o humillar a una fraternidad por razones vinculadas a su expresión cultural.
La Saya Chicaloma no es una agrupación ajena a Villa Victoria: está conformada por vecinos de la zona y ha participado durante años en sus actividades festivas. Por ello, el reclamo no solo pone sobre la mesa el respeto a la cultura afroboliviana, sino también el trato hacia los propios vecinos que forman parte de esta tradición. En una fiesta zonal, donde la presencia de fraternidades, músicos, bailarines y visitantes genera movimiento económico para comerciantes y familias de la zona, debería primar la inclusión y el respeto.
Desde este medio reprochamos cualquier acto de discriminación o humillación, venga de donde venga, pero también consideramos necesario escuchar todas las versiones antes de emitir una conclusión definitiva. La Asociación de Conjuntos Folklóricos y el directorio de Villa Victoria tienen la responsabilidad de explicar qué ocurrió, por qué se intentó retirar a la Saya Chicaloma y cuáles eran realmente las condiciones de participación. Una celebración dedicada a la Virgen de la Asunción no debería terminar enfrentando a los propios vecinos ni dejando una danza emblemática de nuestra cultura en medio de acusaciones y cuestionamientos.
