Reynaldo Javier Charcas, conscripto de 19 años, llegó desde Potosí hasta Cobija con el sueño de servir a su patria y convertirse en cabo. Proveniente de la comunidad de Moscoma, en la provincia Alonso de Ibáñez, tuvo que dejar sus estudios tras cursar solo la primaria para ayudar a su madre, quien crió sola a sus tres hijos luego de que su padre falleciera en un accidente de tránsito cuando él tenía apenas 3 años. A pesar de las dificultades, ingresó al Regimiento de Infantería RI-35 “Bruno Racua”, en la Compañía “C” de Porvenir, donde destacó por su disciplina, logrando ser designado como dragoniante y preparándose para rendir el examen que le permitiría ascender a cabo.
El joven tenía la firme ilusión de retornar a su tierra con orgullo y cumplir su meta; sin embargo, sus sueños quedaron truncados tras su repentina muerte. De acuerdo con el certificado de defunción, el fallecimiento se produjo el 11 de marzo de 2026 a las 15:30, estableciendo como causa “anoxia anóxica, oclusión intrínseca de vías respiratorias por contenido líquido”, es decir, asfixia por sumersión en un río. La versión oficial señala que el hecho ocurrió mientras realizaba labores en el puesto militar de San Francisco, en el municipio de Bella Flor (Pando).
No obstante, la familia del conscripto denuncia irregularidades y exige esclarecer lo ocurrido, señalando que el cuerpo habría llegado sin órganos y que existían posibles conflictos dentro del cuartel. El caso ha generado indignación y pedidos de una investigación transparente que permita determinar si la muerte del joven fue realmente un accidente o si existen responsabilidades que aún no han sido reveladas.
