Jorge Poma Coria, un joven paceño de 18 años, realizaba su servicio militar en el Batallón Eustaquio Méndez, Centro General de Mantenimiento de Material Bélico, en Tarija. Durante los seis meses que permaneció en el cuartel, destacó por su capacidad, disciplina y compromiso, llegando a alcanzar el grado de dragoneante, un reconocimiento que no todos los conscriptos consiguen. Jorge tenía sueños y toda una vida por delante: quería convertirse en abogado o ingeniero y trabajar para sacar adelante a su madre, la mujer que lo crió sola y que fue su único sostén. A pesar de su corta edad, ya conocía el valor del sacrificio; incluso viajó desde La Paz hasta Cochabamba para trabajar y poder regalarle unas vacaciones a su madre, una mujer humilde que había luchado incansablemente por darle un futuro.
Sin embargo, la muerte de Jorge deja una serie de interrogantes que hoy su familia exige sean esclarecidos. A su madre, inicialmente, le habrían informado que su hijo padecía una infección; posteriormente, según el relato familiar, el comandante le habría mencionado la posibilidad de que el joven hubiera consumido raticida. Pero la autopsia médico-legal, según informó el comandante departamental de la Policía de Tarija, Cnel. Rojer Roca, estableció preliminarmente que Jorge falleció por un edema pulmonar agudo, con una posible pancreatitis aguda que continúa en estudio, señalando que se trataría de una muerte por causas naturales. Ante estas versiones diferentes, surge una pregunta que merece una respuesta clara: ¿qué ocurrió realmente con Jorge Poma Coria y quién está diciendo la verdad? La familia pide que se conozcan todos los resultados de los estudios y que la investigación determine, sin dudas, las verdaderas causas de su muerte.
La tragedia de Jorge también vuelve a poner en debate la situación de muchos jóvenes que, impulsados por el deseo de servir a su patria, dejan sus hogares y migran desde el occidente hacia otras regiones del país para cumplir con el servicio militar. En medio del dolor, surgen denuncias y cuestionamientos sobre presuntos malos tratos, discriminación y violencia dentro de algunas unidades militares, situaciones que deben ser investigadas cuando existan denuncias formales y no pueden ser ignoradas. Jorge Poma Coria no era solamente un conscripto: era un hijo, un joven con sueños y el orgullo de una madre que lo sacó adelante sola. Hoy, su familia no pide privilegios; pide respuestas, transparencia y justicia para saber por qué su hijo, que ingresó al cuartel con la ilusión de servir a Bolivia, nunca pudo regresar con vida a su hogar.

