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Lo que Mary Mayo creyó que sería una nueva oportunidad al lado del hombre que consideraba el amor de su vida terminó convirtiéndose en una tragedia. La mujer, de 37 años, murió presuntamente víctima de feminicidio, dejando en la orfandad a su hija de 15 años y sumiendo en el dolor a sus padres, dos adultos mayores que hoy no solo enfrentan la pérdida de su hija, sino también la angustia de no contar con recursos económicos para darle una sepultura digna.

En una dependencia policial, Gregorio Mayo, de 71 años, apenas puede contener el llanto mientras pide ayuda para retirar el cuerpo de su hija. Con la voz quebrada, explica que proviene del área rural y que la familia carece de dinero para cubrir los gastos funerarios.

“Soy del campo, no tengo dinero. Ayúdenme, por favor. No tengo para el cajón, no tengo cómo enterrarla”, imploró.

El drama de esta familia va más allá del crimen. Mary era la mayor de cinco hermanos y, hace aproximadamente tres meses, decidió irse a vivir con Marcos Chanini, quien actualmente permanece aprehendido e investigado como el principal sospechoso por el presunto delito de feminicidio. Al dejar la vivienda familiar, su hija de 15 años quedó al cuidado de sus abuelos.

Los familiares aseguran que desde el inicio de la convivencia la vida de Mary cambió radicalmente. Afirman que era víctima de constantes agresiones físicas, que el investigado presuntamente la inducía al consumo frecuente de bebidas alcohólicas y que ejercía un control permanente sobre ella, impidiéndole mantener contacto con sus seres queridos.

Según el relato de sus hermanas, cada vez que Mary regresaba a visitar a su familia presentaba signos evidentes de violencia. En ocasiones ocultaba las lesiones con un barbijo, mientras que otras veces las heridas eran imposibles de disimular.

“Siempre la pegaba. La última vez que la vi tenía la boca partida y el rostro completamente hinchado. No la dejaba salir ni hablar con nosotros”, relató una de sus hermanas.

Los familiares sostienen que la mujer vivía prácticamente aislada y que el investigado era extremadamente celoso y controlador, manteniéndola encerrada y limitando su comunicación con la familia.

La tragedia llegó a su desenlace cuando, de acuerdo con las investigaciones preliminares, Mary recibió una puñalada que le provocó un desangramiento fatal.

Entre lágrimas y en idioma quechua, Vicenta Mamani, madre de la víctima, contó que fueron los vecinos quienes llegaron hasta su vivienda para avisarle que su hija había sido gravemente herida. Desde ese momento, la familia enfrenta uno de los episodios más dolorosos de su historia.

El caso también revela otra dimensión de la violencia que ahora forma parte de la investigación. La hija de Mary, una adolescente de 15 años, declaró a Radio Kollasuyo que el ahora investigado presuntamente la acosaba y le insistía para que se fuera a vivir con él.

“Me decía que vaya a vivir con él, que lleve mi ropa y la de mi mamá. Quería que estemos solos”, recordó la menor.

La adolescente también manifestó que el hombre mostraba celos por la relación que ella mantenía con su madre. Estas declaraciones forman parte del contexto del caso y deberán ser verificadas por la Policía y el Ministerio Público durante el desarrollo de la investigación.

Mientras el proceso penal avanza para esclarecer las circunstancias del crimen y determinar responsabilidades, una adolescente enfrenta la pérdida de su madre, dos ancianos buscan ayuda para poder enterrarla y una familia intenta comprender cómo un presunto ciclo de violencia terminó arrebatándole la vida a Mary.

Con este hecho, Potosí registra su tercer feminicidio, un caso que vuelve a evidenciar la gravedad de la violencia contra las mujeres y las profundas secuelas que estos crímenes dejan en las familias, especialmente en los hijos que sobreviven a la tragedia.

Por Crisel

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